Viendo las caídas que están protagonizando los mercados en estas últimas semanas, son muchos los inversores que consideran la evolución del precio del petróleo, como uno de los motivos fundamentales para justificarlas.

Hemos de recordar, que a pesar de las fuertes caídas que el crudo tuvo el año pasado, en lo que va de 2016 ya se acumula una pérdida del 20%, lo que hace que el precio del barril se sitúe por debajo de los 30 dólares.

Haciendo un poco más de memoria, seguro que recordarán que toda esta “guerra” de precios, comenzó ya a mediados de 2014, con el incremento de producción por parte de los países de la OPEP, como parte de una estrategia para tratar de, por un lado ganar cuota de mercado y por otro lado, luchar contra las empresas de fracking, cuyo precio límite de beneficios está en los entornos de 60 dólares.

Muchos de ustedes pensarán que la caída en los precios del petróleo debería tener un efecto más localizado en el sector energético (algo perfectamente lógico), mientras que a nivel económico, supondría un catalizador positivo, que tendría como consecuencia un abaratamiento en costes y por tanto una mejora en los beneficios a nivel global.

Entonces, ¿por qué el desplome del crudo está afectando a todos los sectores en general?

Comenzaremos nuestra respuesta, hablando de los leverage loans, que no son más que préstamos apalancados, concedidos por los bancos, a diferentes empresas, que a su vez tienen ya un nivel de deuda elevado. Son por ello unos prestamos a los cuales las entidades financieras aplican unos intereses muy altos (es donde consiguen el beneficio), puesto que el riesgo de default también es alto.

Actualmente, existe un importe de 2,3 trillones de dólares en leverage loans, de los cuales 0,6 trillones tienen como prestatarios a compañías petroleras.

Y aquí es donde radica el argumento principal de la explicación. Existe una creciente preocupación, por la capacidad de devolución de estos préstamos por parte de las compañías petroleras, que con la constante caída del crudo están viendo muy mermados sus resultados. Volviendo un momento al tercer párrafo, pueden valorar el daño que un barril a 30 dólares o por debajo le está haciendo a una empresa de fracking que sabe que sólo gana dinero vendiendo por encima de 60 dólares. Parece difícil pensar que estas empresas puedan tener capacidad suficiente para devolver sus deudas, con un escenario de precios como el actual, durante mucho más tiempo.

Estas dudas, hace que se produzca un traspaso del riesgo de las petroleras hacia los bancos, tenedores de una importante cuantía de deuda del sector energético, que podría provocar un gran daño en los balances de estas entidades financieras. Ello podría provocar un efecto contagio que acabase extendiéndose a los mercados.

Por el momento, aún es pronto para poder valorar hasta que punto este efecto contagio se está o puede producirse. Lo que sí se está empezando a ver, es como muchos bancos americanos que poseen leverage loans (Wells Fargo, JP Morgan…), están empezando a dotar importantes provisiones para resguardar sus balances a futuro.