A la hora de seleccionar un fondo de inversión, son varios los criterios que hay que tener en cuenta para tratar de elegir la opción más adecuada. La volatilidad del fondo, la rentabilidad histórica, el Sharpe del fondo… y como no el Alfa del fondo.

El Alfa, en una definición sencilla, es la medida que nos indica lo que aporta el gestor del fondo a la evolución del mismo. Por tanto, cuanto mayor sea el Alfa de un fondo, mejor está trabajando el equipo gestor del mismo.

Lógicamente, para medir el Alfa de un fondo, se compara el rendimiento del fondo, con respecto a su índice de referencia.

En el caso de los fondos de gestión pasiva, la medida del Alfa no tiene demasiado sentido, ya que como saben, un fondo de gestión pasiva se limita a replicar un índice de referencia, por lo que no hay un valor extra en el trabajo del equipo gestor.

Es en la gestión activa donde esta medida sí que cobra especial relevancia, por lo que es recomendable tenerla en cuenta, aunque es recomendable no elegir fondos en base a un único criterio (como en este caso sería el Alfa), si no en base a un estudio de diversos parámetros como hemos comentado al inicio.

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