Como estarán viendo o sufriendo, las correcciones que los mercados financieros llevan acusando desde hace semanas, continúan marcando el día a día en las bolsas.

Muchos han sido los factores que hemos ido desgranando para tratar de explicar la virulencia de las caídas, y sobre todo, la sensación de miedo que parece estar presente en cada una de las decisiones de los inversores.

En artículos anteriores, hemos hablado del desplome del petróleo y las consecuencias que podría traer a muchas empresas del sector.

Cierto es que a medio y largo plazo, un petróleo barato implica un beneficio para las economías, pero a corto plazo, sí que puede haber un impacto negativo sobre muchos sectores.

Como recordarán, muchas petroleras están en riesgo alto de default con el barril a 30$ ya que sus costes hacen que por debajo de 55$/60$ produzcan con pérdidas. Esto, no solo afectaría al sector petrolero, si no que también podría producirse un efecto contagio hacia las entidades financieras, poseedoras de un volumen importante de leverage loans o créditos apalancados.

También hemos hablado de China, como no, y la ralentización en el crecimiento que estamos viendo a través de los datos macroeconómicos que cada semana aportan un cierto grado de estrés a las bolsas.

Tampoco ayuda la depreciación que está sufriendo el yuan, y que puede afectar seriamente a muchas empresas cuya deuda está denominada en dólares, y que ven como sus balances se deterioran.

Otro factor de riesgo que ha cogido especial protagonismo o que mejor dicho, ha sumado preocupación a los inversores, viene por la parte de los beneficios empresariales que hemos ido conociendo en este comienzo de año, y que han “decepcionado” a los mercados, ya que se estaban descontando mejores tasas de crecimiento.

Esto podría dar pie a pensar que muchos activos están sobrevalorados y que con este ajuste en precios que estamos viviendo, se está consiguiendo volver a valoraciones más razonables.

Pero no solo las bolsas han caído, si no que también otros activos de riesgo como el High Yield, han experimentado un aumento notable en sus diferenciales (Spreads) descontando un escenario tan sumamente negativo como sería una recesión en EE.UU.

Esto podría considerarse un arma de doble filo, ya que cuando los mercados cotizan escenarios tan negativos, si estos finalmente no se producen, lo normal es que se asista a un fuerte rebote en la valoración de los activos.

Es por ello, que recomendamos ser cautos y ajustar muy bien el riesgo de nuestras carteras a nuestro perfil inversor, pero en este momento, no creemos conveniente el salirse totalmente de activos de riesgo ya que si tal y como parece, el mercado está descontando un “peor escenario”, sería probable asistir a un rebote en el corto plazo, a nada que se produzca un catalizador positivo, algo que nos permitiría ajustar nuestras carteras en una mejor situación.

De todas formas, hemos visto a lo largo de la historia, que situaciones de elevado pánico entre los inversores, unidas a noticias y datos económicos mejor o peor interpretados por los analistas, han acabado por provocar esos escenarios negativos que el mercado contemplaba de antemano.

Con ello no queremos descartar ninguna posibilidad. Lo único que tenemos claro, es que el mercado es soberano y que debemos de ir tomando decisiones en función de los niveles que veamos en las bolsas y demás activos de riesgo.