Los que sigáis habitualmente nuestro blog, sabéis que muchos de los artículos que escribimos son breves reflexiones acerca de los errores que se cometen a la hora de invertir, ya que consideramos que el punto de partida para todo buen inversor es intentar minimizar esos fallos.
Hemos comentado ya en otras ocasiones cómo nuestras emociones pueden ser el peor enemigo a la hora de invertir. Tanto el pánico como la euforia son dos aspectos que nos afectan sobremanera en lo que a manejar nuestro dinero se refiere, y curiosamente, son dos sentimientos que se pueden dar prácticamente con unas semanas de diferencia.
Un ejemplo claro lo hemos visto en el último trimestre del pasado año 2023, cuando hemos pasado de un momento de mucho miedo en el mes de octubre, a una sensación de euforia clara en el mes de noviembre. Dos meses en los que hemos visto como muchos de los inversores que estaban desesperados por vender a finales de octubre, pasaron repentinamente a estar compradores.
Entrar en esta dinámica, hace que dejemos de controlar nuestras inversiones, y sean ellas las que nos controlan a nosotros. Generalmente, las consecuencias que tiene el moverse al son de las emociones, en un mercado volátil son desastrosas, ya que es muy probable que los movimientos que hagamos en nuestra cartera sean a contrapié, o lo que es lo mismo, que vendamos cuando el mercado empiece a estabilizarse o esté haciendo un suelo, y que compremos cuando el mercado ya haya llegado a una zona de resistencia.
Por ello nuestro consejo siempre es el de mantener la calma y analizar con la cabeza fría la situación. Todos sabemos por ejemplo que cuando el miedo es extremo, suelen producirse las mejores oportunidades de compra a medio y largo plazo y sin embargo el pánico nos lleva a tomar la decisión de vender. Ganamos tranquilidad a muy corto plazo siempre y cuando el mercado siga corrigiendo, pero además de perder dinero, en cuanto el mercado se gire al alza, esa tranquilidad se convertirá en nerviosismo y posteriormente en codicia.
Existen numerosas formas de intentar dejar a un lado las emociones a la hora de invertir, pero quizás la que más debería de aplicarse, es la de ver nuestra cartera como una inversión de largo plazo, y no obsesionarse con el comportamiento del mercado a corto plazo. Es decir, si tenemos planificada una cartera de inversión con un horizonte temporal de largo plazo (varios años vista), lo único para lo que nos va a servir mirar el mercado todos los días, es para caer en el error de comenzar a tomar decisiones precipitadas y marcadas por los movimientos de corto plazo de los mercados que muchas veces son imprevisibles o engañosos.
#resuelvetusinquietudesfinancieras





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