Vamos a compartir a continuación un ejemplo de cómo afrontaríamos desde Consul Cápital uno de los múltiples casos que nos llegan de ahorradores e inversores que buscan una solución a sus incertidumbres económicas y patrimoniales.
Juan (nombre ficticio) es un trabajador cualquiera de 55 años que dispone 180.000 € de capital ahorrado con mucho esfuerzo y sacrificio, sin capacidad de ahorro y una pensión futura estimada de 1.200 €/mes que no cubre el nivel de gasto actual que es de unos 1400€ al mes, gasto que piensa seguirá teniendo a futuro, ya que necesita ayudar a sus hijos.
Por lo que pueda pasar, Juan dispone también de un piso en propiedad, valorado en 250.000€ que no le importaría vender en un determinado momento, para comprar una vivienda más pequeña.
El objetivo, por tanto, no es “hacerse rico”, sino convertir ese capital en una fuente de complemento estable, con un riesgo asumible y con un plan para no quedarse sin margen justo cuando más lo necesita.
Actualmente, Juan tiene una situación “salvable” si se estructura bien, porque el agujero que hay que tapar no es enorme: gasta 1.400 €/mes y estima una pensión de 1.200 €/mes, así que el déficit base serían aproximadamente de 200 €/mes (2.400 €/año). El reto real no es tanto cubrir esos 200 € hoy, sino hacerlo durante 25–30 años sin que la inflación, una mala racha de mercado o un gasto imprevisto le obliguen a vender en mal momento.
La forma de plantearlo para Juan sería esta: convertir sus 180.000 € en un “motor de complemento” que le aporte esos 200 €/mes con bastante probabilidad, manteniendo un margen de seguridad. Y, además, tener un plan B muy potente: su vivienda de aproximadamente 250.000 €, que está dispuesto a vender para reducir tamaño si hiciera falta. Esa segunda pata hace que el plan sea más robusto que el de alguien que solo depende del dinero financiero.
En la fase de aquí a la jubilación (aprox. 12 años si nos movemos en un escenario de jubilación en torno a 67), yo no intentaría “sacar renta” todavía: intentaría proteger el capital y hacerlo crecer de forma razonable. Con cero aportaciones futuras, el riesgo a evitar es que Juan llegue a la jubilación con el mismo dinero (o menos) y entonces tenga que exprimirlo demasiado. La cartera debería estar diversificada y diseñada para aguantar ciclos: una mezcla de renta fija de calidad (para estabilidad) y renta variable global (para que el capital tenga crecimiento y no lo devore la inflación). En números orientativos, algo alrededor de un perfil equilibrado (por ejemplo, 40% renta variable global y 60% renta fija/monetarios, ajustable según tolerancia al susto) suele ser un punto razonable a los 55 si el objetivo es complementar ingresos a partir de la jubilación, no especular. La idea es sencilla: que Juan pueda soportar años malos sin tirar la toalla y, aun así, tener un motor de crecimiento.
Cuando Juan se jubile, el plan cambia: pasa de “hacer crecer” a “pagar un complemento sin descapitalizarse”. Aquí funciona muy bien una estructura tipo “tres bolsillos” aunque te lo cuente sin enumerarlo como lista: separamos una parte en instrumentos muy líquidos y estables para cubrir 1–2 años del complemento (y cualquier imprevisto), otra parte en renta fija diversificada para amortiguar la volatilidad, y dejamos una parte en renta variable global para el crecimiento a largo plazo. ¿Por qué es importante? Porque así, si la bolsa cae un 20–30% justo cuando se jubila, Juan no tiene que vender bolsa en pérdidas para sacar esos 200 €/mes: vive temporalmente de la parte segura y da tiempo a que el ciclo se normalice.
Con su déficit de 200 €/mes, la “cuenta” es bastante amable. Incluso con una regla conservadora de retirada (por ejemplo, 3%–4% anual del capital), un patrimonio financiero de 180.000 € ya permite, en teoría, pagar ese complemento (2.400 €/año es solo un 1,3% del capital). Eso no significa que sea automático: habrá impuestos, inflación y años malos; pero sí significa que Juan puede plantear el complemento con prudencia y, de hecho, dejar margen para subidas de coste de vida o para algún gasto extraordinario.
Ahora viene lo más interesante: la vivienda. Juan tiene un “colchón estratégico” enorme. Si dentro de 10–15 años se diera cualquiera de estas situaciones:
(1) La cartera ha sufrido una mala racha de rentabilidades.
(2) Aparecen gastos sanitarios o de dependencia.
(3) Simplemente quiere vivir con más tranquilidad.
Entonces la opción de vender y reducir vivienda puede convertirse en el estabilizador definitivo del plan. Imagina que vende por 250.000 € y compra algo más pequeño por, pongamos, 170.000–190.000 € (números ilustrativos). El excedente neto, incluso descontando gastos e impuestos de la operación, podría aportar un capital adicional relevante para: aumentar el complemento mensual, cubrir cuidados, o reforzar el “bolsillo seguro” para que el riesgo de mercado sea menor. En otras palabras: Juan no está solo con sus 180.000 €; tiene una palanca patrimonial que, bien usada, reduce muchísimo el riesgo de quedarse corto.
¿Y qué haríamos nosotros en Consul Capital para que Juan tenga un plan “de verdad” y no una teoría bonita?
Le pondríamos reglas simples:
Que el complemento salga de la parte estable.
Que una vez al año se reequilibre la cartera.
Que si el mercado cae fuerte se congele la subida del complemento (no se aumenta ese año).
Que exista un umbral claro que active el “plan vivienda” (por ejemplo: si el capital financiero cae por debajo de X o si a partir de cierta edad quiere garantizar tranquilidad).
Con estas reglas, Juan no depende de acertar el mercado, depende de gestionar el proceso.
Para cualquier duda o consulta, estaremos encantados de atenderles en nuestra oficina en C/ Velázquez, 11 6ª Derecha. Puede concertar cita y solicitar una revisión de su cartera de manera gratuita llamando al 915 48 33 14.
#resuelvetusinquietudesfinancieras.





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